martes, 10 de febrero de 2009

HESIQUÍA


HESIQUÍA (isihía): indica al mismo tiempo recogimiento, silencio, soledad exterior e interior, unión con Dios. Es un termino técnico en la historia de la espiritualidad monástica, que refiere el estado de quietud y de silencio de todo el ser del hombre, necesario para permanecer con Dios: es una concentración sobre lo único necesario (cf. Lc 10:42), buscada también mediante condiciones externas. De tanto en tanto, el término podrá referirse al solo aspecto interior y espiritual, o bien, a las condiciones externas que lo favorecen, o a ambas cosas.

EL DEMONIO DE LA TRISTEZA





Todos los demonios enseñan al alma el amor por el placer: sólo el demonio de la tristeza se abstiene de ello. Por el contrario, destruye todos los pensamientos insinuados por los otros demonios, impidiendo al alma sentir cualquier placer, insensibilizándola con su tristeza. Es cierto lo que se ha dicho: que los huesos del hombre triste se tornan áridos (Pr 17:22). Y sin embargo, si se lucha un poco, este demonio sirve para fortalecer al solitario. Lo convence de no acercarse a ninguna de las cosas de este mundo ni a ningún placer. Si persiste en su lucha, genera en él pensamientos que lo inducen a alejar su alma de este tormento o lo fuerzan a huir de ese lugar. Tal es lo que ha pensado y sufrido el santo Job, atormentado por este demonio: Ojalá pudiera echar mano a mí mismo u otro, a mi pedido, así lo hiciera (Jb 30:24). Símbolo de este demonio es la víbora, animal venenoso. La naturaleza le ha concedido, benevolentemente, el que pueda destruir los venenos de los otros animales, pero si la tomamos en estado puro, destruye la vida misma. Es a este demonio que san Pablo ha entregado el hombre de Corinto, que había pecado. Pero luego se apresura a escribir a los Corintios: Os ruego que confirméis vuestro amor por él, para que no sea consumido por la excesiva tristeza (Cf. 2Co 2:8-7). Y sin embargo, este espíritu que aflige a los hombres es capaz de ser portador de un arrepentimiento bueno. Y así también san Juan Bautista ha denominado "raza de víboras" a aquellos que han sido heridos por este espíritu, y que se refugiaban en Dios, diciendo: ¿Quién os ha enseñado ha huir de la ira que vendrá? Dad, pues, frutos dignos de arrepentimiento y no penséis decir dentro de vosotros: a Abraham tenemos por padre (Mt 3:7-9). Todo el que ha imitado a Abraham y se ha alejado de su tierra y de su parentela, se ha vuelto más fuerte que este demonio.
Si alguno es dominado por la cólera, está dominado por los demonios. Y si alguien le sirve, éste es extraño a la vida monástica, un extranjero en las vías de nuestro Salvador, dado que el mismo Señor nos dice que Él muestra el camino a los humildes. Por tanto, cuando el intelecto de los solitarios se refugia en la llanura de la mansedumbre, difícilmente puede ser poseído, ya que no hay otra virtud que los demonios teman más que la misma. Ésta es la virtud que había adquirido el gran Moisés, quien fuera conocido como el más manso de los hombres. Y el santo David ha declarado que esta virtud es digna del recuerdo de Dios: Acuérdate de David y de toda su mansedumbre (Sal 131:1). Y también el Salvador mismo nos ha ordenado ser imitadores de su mansedumbre: Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras almas (Mt 11:29).
Si alguno ha renunciado a manjares y bebidas, pero excita su cólera con malos pensamientos, ¡se asemeja a una nave que navega con un demonio como piloto! Con todas nuestras fuerzas debemos cuidar de nuestro perro y enseñarle a destruir sólo los lobos, sin devorar las ovejas, dando prueba de mansedumbre hacia todos los hombres.


Evagrio el monje

jueves, 5 de febrero de 2009

Saber esperar



"Ser persona es esperar. No seríamos seres humanos sin esperanza, sin la capacidad de estar abiertos a experiencias y valores aún no alcanzados. Pero admitir esto significa también reconocer que somos incompletos; algo nos falta. Es desde esta pobreza íntima desde donde esperamos ser completados, ella es la base de nuestra esperanza, y ella supone tanto un abrirse a lo que sale a nuestro encuentro, como a una tarea que hemos de realizar."


Por Fr. Ramón de la Cruz ocd

San Macario el Grande


A un joven que le pedía consejos de cómo librarse de la preocupación del qué dirán los demás, lo mandó a un cementerio a que les dijera un montón de frases duras a los muertos. Cuando volvió le preguntó Macario: Qué te respondieron los muertos? No me respondieron nada, le dijo el joven. ¡Entonces ahora vas y les dices toda clase de elogios y alabanzas! El muchacho se fue e hizo lo que el santo le había mandado, y éste volvió a preguntarle: ¿Qué te respondieron los muertos? ¡Padre, nada me respondieron! "Pues mira", le dijo el hombre de Dios: "Tú tienes que ser como los muertos: ni entristecerte porque te critican y te insultan, ni enorgullecerte porque te alaban y te felicitan. Porque tú eres solamente lo que eres ante Dios, y nada más ni nada menos".

martes, 3 de febrero de 2009

TIEMPO Y LITURGIA


"En aquella extraña plenitud, una cosa estaba clara: había sido suprimido el tiempo. El reino de la duración en que está sumido todo era distinto al de siempre y el alma se sentía tranquila, aliviada y libre..."
Los fieles llegan poco a poco y se incorporan a la comunidad después de venerar los santos iconos, y en cada ocasión que el celebrante se vuelve hacia ellos y les bendice: "Pace Tuturor" (Paz a todos), éste no puede evitar un sentimiento de paternidad espiritual.
En el momento de la comunión, serán los niños y los adultos, que previamente hayan confesado sus pecados y guardado el preceptivo ayuno, los que recibirán el Sagrado Cuerpo y Sangre del Señor.
Y, finálmente, será la unción con el aceite en la frente y manos de todos y cada uno, lo que permitirá ese acercamiento tan necesario para una palabra de aliento o consuelo a quien lo necesite:" El Señor te bendiga... vuelva a tí Su rostro... te sea propicio y te de Su paz" .
Ha terminado la Divina Liturgia.

domingo, 1 de febrero de 2009

Alianza Inter-Monasterios (AIM)


A iniciativa de la AIM un grupo de monjes cristianos del Senegal, Guinea, Burkina Faso, Togo y Costa de Marfíl, realizaron en octubre del 2007 una peregrinación a las fuentes de la vida monástica. Fueron recibidos en los monasterios coptos de Egipto. Residieron, sobre todo, en el monasterio de San Macario, en el desierto de Scete y en el de San Antonio, próximo al Mar Rojo... Se ha comparado esta comunidad monástica con una carabana en el desierto, cuya vitalidad depende del guía, en efecto, en los monasterios coptos, el Padre espiritual desempeña un gran papel.... El monacato con el pueblo egipcio, su fe, y la expresión viva de ésta en el mundo, nos ha impresionado (manifiestan) y, esperamos, será ocasión para profundizar en nuestra vida cristiana y monástica... ¿Sabremos dejarnos interpelar por lo que hemos visto y oído? ¿Tendremos el valor de renovar profunda y sinceramente nuestra vida monástica en occidente?

Extractado del Boletín nº91 de la AIM.