jueves, 25 de junio de 2009

La santa cabeza de San Juan el Bautista


La santa cabeza de San Juan el Bautista fue hallada por la piadosa Juana y sepultada adentro de una vasija en el monte de Olivos. Un asceta devoto, al realizar una zanja para hacer el fundamento de un templo, encontró este tesoro y lo guardó consigo, pero ante su muerte, temiendo que la reliquia fuese profanada por los no creyentes, la escondió en la tierra en el mismo lugar que la encontró. Durante el reinado de Constantino el Grande, dos monjes fueron a Jerusalén para venerar el Santo Sepulcro, y a uno de ellos se le presentó el Profeta San Juan el Bautista y le indicó, en donde estaba enterrada su cabeza. Desde ese momento los cristianos comenzaron a celebrar el Primer hallazgo de la santa cabeza de San Juan el Bautista. El Señor Jesucristo dijo sobre el Profeta San Juan el Bautista “De todos los nacidos de mujer ninguno superó a Juan el Bautista.” San Juan el Bautista es glorificado por la Iglesia como un “Angel, Apóstol, Mártir, Profeta, Intercesor de la gracia antigua y nueva, de los nacidos honorabilísimo y ojo luminoso del Logos”

sábado, 13 de junio de 2009

Dialogo entre Mario y el monje




Como casi siempre, la primera señal de la ermita distante la daba el humo. Era una pequeña columna, lenta y ondulante, que se elevaba encima de los pinos y que me hacía sentir más cerca de casa, como acercándome al verdadero hogar.

Hermano Vasily como le gustaba ser llamado en lugar de “Padre”, alimentaba el hogar casi de continuo en cualquier época del año. Sospechaba ya entonces, que se trata mas de mantener encendido el fuego votivo de la alabanza, que de calentar la ermita, de por sí bastante abrigada por la piedra con la que fue construida. Ya casi llegando me regocijé anticipando el encuentro y musité la oración con más fuerza.

En el pequeño espacio libre de árboles donde se encuentra la celda, no se oye sonido alguno y el piso está limpio de los restos de las coníferas, como recién barrido. Según habíamos acordado en anteriores encuentros, no golpeo la puerta, solo paso y me siento en un pequeño taburete, cómodo. Espero silencioso y abrigado mientras lo miro, extático, con la vista en el ícono del Salvador, iluminado levemente por una vela cercana ya agonizante.

Al rato se da vuelta y se yergue ágil, como joven, y me abraza cariñoso. Yo siento desaparecer todo rastro de desamparo, me siento como me imagino debía sentirme cuando niño, en brazos de mis padres. Silenciosos ambos, sonreímos y nos santiguamos, como inaugurando el encuentro. Coloca un jarro en el fuego, que aviva con unos leños y me pregunta si quiero un té o un poco de yerba mate. Elijo el té y saco del bolso un frasco de miel que le traigo de regalo.

- Como siempre Padre, le traigo unas preguntas.

- Como siempre Mario, estoy dispuesto a responderlas si el Señor me asiste con su gracia.

- Me alegra mucho verlo Padre…

- A mí también. Te veo cada vez más tranquilo aunque a vos no te parezca tanto.

- No, es cierto. Estoy mucho mejor, la oración me va consolando sin que me explique bien como.

- Ja ja, la oración te consuela a pesar de los intentos que hace tu mente de molestar, buscando explicaciones.

- Es cierto Padre, es cierto, así es realmente.

- Bueno. Preguntá entonces tranquilo que tenemos todo el día.

- Si, ya que tocamos el tema podría empezar por ahí, por el tema de la fe y la razón, que era algo que tenía pensado plantearle.

- ¿Cómo es, el planteo?

- Es como que la mente me interpone objeciones a mi acercamiento a la oración, a mi asistencia frecuente a misa, me dice que me estoy refugiando de mis temores, que estoy armando una mitología para hacerme la vida más llevadera…que Dios no precisa de mi oración…y que Él siendo inmutable como Es, no va a cambiar nada de lo predestinado por el hecho de que uno le haga oraciones y así cosas por el estilo. Realmente me quita mucha devoción cuando esas dudas me asaltan y me hacen a veces muy árida la liturgia.

- Mario…vas a tener que recordar un poco…¿Por qué volviste a asistir a misa, que habías abandonado durante muchos años? ¿Porqué un día te confesaste, cosa que no habías hecho tampoco durante mucho tiempo?¿Cómo fue que te acercaste tanto hasta este lugar y cómo es que te pasas contando los días hasta poder cumplimentar las condiciones que te permitan venir a vivir a esta soledad?

- Padre, usted sabe mi historia; ¿Por qué me lo pregunta?

- Me refiero a que no es por alguna teorización, ni por una conclusión científica, ni porque habiendo armado una sólida construcción intelectual, te has volcado hacia la religión. No ha sido así.

- No claro. Fue por necesidad Padre, por fracaso, porque no encontrando lo que buscaba en ninguna parte, lo busqué de nuevo en Dios, como en mi juventud.

- Sentiste el impulso ¿no es así? El deseo de estar en oración, recogido y delante de la Cruz, ¿te acuerdas? Eso me lo contaste y me acuerdo bien.

- Si es así.

- Bien. Primer punto: El acercamiento a la experiencia religiosa no se inicia desde el intelecto. Puede continuarse y expandirse a todas las partes del ser cuerpo mente; pero empieza en el calor del corazón. Es un impulso cordial, que inexplicablemente o a pesar de las explicaciones nos lleva hacia lo sagrado, lenta pero irrevocablemente. Eso Mario, se llama la gracia del llamado del Señor.

- Sí, me emociona.

- ¡¿Y cómo no?!

- Sobre todo cuando me acuerdo de cómo pensaba y en donde me encontraba actuando y…no sé, era distinto. No es un derrotero lógico.

- Claro que no, no responde a la lógica convencional. Un fuego en el corazón, que al principio es suave y que llega de a poco a arder hasta consumir al ser entero en lo sagrado; ese fuego es un llamado, una forma de manifestarse en nosotros el acercamiento de lo divino. Una forma de Ser lo Divino en el mundo. Es en cierto modo, una nueva encarnación, en cada ser humano que lo vive.

- Pero y entonces Padre…porque a mi ahora se me aviva toda la devoción de vuelta, con solo acercarme a la ermita, charlando; pero después, la aridez en que me deja el intelecto a veces, hace que mi vida religiosa sea como parcial o ambigua, como si no pudiera disfrutarla plenamente por esas dudas.

- Está bien. Cuando uno ha seguido al impulso de búsqueda y se ha acercado a la sensación de lo sagrado, no viene mal darle algún hueso a la mente para que se entretenga y no moleste. Igual que a nuestros hermanos los perros.

- ¿Cómo es eso Padre, que quiere decir?

- Que se puede intentar una explicación para que la mente tenga un armado que la deje en paz y entonces no perturbe la oración.

- ¿Cómo sería?

- Todas las dudas que surgen se deben a oposiciones. Si esto es así, aquello debería ser asá y si esto no es así entonces lo de mas allá. ¿Viste? Es como una serie de platos de balanza que se van alineando o desalineando. Por ejemplo, ¿Para qué si Dios es Omnisapiente necesita que le diga lo que necesito? ¿Para qué mandó a su hijo si de todas formas el podía limpiar el pecado del mundo con un solo acto de Su voluntad? O mejor, ¿Para qué permitió o creó la posibilidad del pecado siendo que podía crear un mundo edénico sin transgresión? Y así podemos seguir mucho tiempo. ¿Si todo se debe a Su gracia entonces que papel cumple mi voluntad? Y entonces, ¿si peco es porque el me quitó su gracia? y siguiendo…¿no es verdad?

- SI Padre tal cual. Es como si se hubiera metido en mi mente y la leyera en los momentos de aridez.

- No, me he metido en mi propia mente y en la de todos, porque todas tienen una estructura similar. Si revisas el motor de un auto o de otro verás diferencias, pero la estructura es la misma.

- ¡Ah!

- Tienes que considerar varias cosas. Una se refiere a que cada aparato percibe una franja de realidad determinada, y que además, la organiza según su forma de funcionar. Entonces el resultado de esa percepción y organización, puede no ser parecida o ser disímil con la percepción y organización de otro aparato.

- Me parece que entiendo pero no en realidad.

- Veamos. Si te palmeo el hombro, tu piel percibe una presión discontinua que se repite cíclicamente durante un intervalo de tiempo.

- ¿Cómo? Ahí sí que me confundió.

- Ja ja, no, espera, ten paciencia. Tu piel, solo tu piel, si la abstraemos del contexto en que se halla; solo percibe una variación de presión en su superficie, percibe que aumenta la presión cuando apoyo mi mano y que disminuye cuando la retiro. ¿Estamos?

- Si.

- Pero para el aparato de memoria, encargado de guardar información, se hace previsible la repetición de la palmada, porque ya la ha vivido en anteriores ocasiones. ¿Lo ves? Pero no para la piel, que solo percibe diferencias de presión y temperatura.

- Si, entiendo.

- A su vez, tu zona emotiva, tu centro emocional digamos, percibe la calidez afectiva de la palmada, sabe que es una muestra de aliento y de afecto. La recibe bien, conforme. Tu intelecto en cambio, organiza la percepción desde el mismo hecho de decir que eso que golpea es una mano, que lo que te quiero decir es tal o cual cosa, duda si te palmeo por esto o lo otro, se pregunta si deberías responder de algún modo…y siguiendo.

- Ahora si.

- Eso te quise decir con lo de que cada aparato organiza las cosas según su modo. En ocasiones, ojalá que siempre, esos aparatos se coordinan y simultáneamente convergen y entonces uno siente pleno acuerdo en el cuerpo y la mente. Es como una ayuda a la paz del espíritu. Si la mente no duda, si el corazón vive en la fe, el cuerpo se relaja, todo ayuda.

- Se coordinan todas las partes.

- Claro, se produce una unidad. Y está bien que busquemos esa unidad, porque viene a cumplir la función de cuando uno limpia la habitación; todo se hace mas fácil y agradable, todo está ordenado. Pero hay que aprender a convivir con el desorden, porque hay momentos en donde no va a poder estar todo en su lugar, e incluso te digo, no conviene que esté todo ordenadito, porque a veces el desorden precede a la transformación y al cambio.

- Sí, claro que sí.

- ¿Viste? Es igual que cuando pintas una casa y la re decoras. Tiene que producirse un desorden, porque sino no es posible reorganizar la vivienda.

- Si, si, entiendo.

- A mí me ha pasado, de vivir enormes períodos de aridez, solo para descubrir y gracias a eso, que hacía oración para sentir cierta sensación placentera y no motivado por un acercamiento genuino al Señor. En la aridez, descubrí que me seguía acercando, que seguía orando y que lo iba a seguir haciendo aunque nunca llegara la devoción cálida y luminosa; porque lo que buscaba era al Señor y como este quisiera manifestarse y no mi placer personal. ¿Me entiendes Mario?

- Si Padre, totalmente.

- Pero sin la aridez no iba a poder descubrir eso. Lo que hemos dicho otras veces, que no hay mal que por bien no venga, resultando así que el mal no era tal. Entonces si hay unidad entre todos los aparatos de la mente cuerpo, bienvenida sea y si no la hay también porque para algo servirá esa desarmonía. Si no bajara la temperatura, todos los años en cierta época, no podrían producirse ciertos procesos necesarios para los vegetales y animales y para el planeta en general ¿no es cierto? Pero la piel te va a protestar por el frío, se va a quejar.

- Si, está perfecto.

- Entonces, el corazón, la intuición, el órgano a través del cual sentimos en el cuerpo con mas facilidad el espíritu, es el que primero se acomoda a la gracia y se sumerge en su calidez. El corazón tiene razones que la razón no entiende es algo muy cierto. El corazón se ve atraído a la oración, al silencio, al recogimiento y luego, al tiempo, el cuerpo le sigue, empieza a hacerse conducta lo que pide el corazón.

- Si, así ha sido.

- Pero la mente ni de cerca. Que esto y lo otro y de más allá. Yo no me pondría a tranquilizar a la mente con mucha teología o cosas por el estilo sino con esta comprensión; que son aparatos con velocidades diferentes y con funciones diferentes y darle tiempo y confianza al organismo para unificarse. Porque fijate Mario, toda esta cuestión de lo que hizo y no hizo Dios y de lo que debería hacer si sus atributos son estos o los otros y de si sirve esto o no o si hay un error aquí y allá…todo eso no sirve porque todo lo que pueda estructurar la mente es parcial, sumamente limitado e inexacto. ¿Vos sabés que el conocimiento se articula en base a memoria y a estímulos y a intereses y a franjas de percepción y entonces no es muy de fiar, no hay que darle mucho crédito.

- Dígame más acerca de eso Padre.

- Mmh…¿Sabía que lo que llamamos color es solo una vibración distinta de la materia? O mejor dicho, que según el punto de vista de los científicos, de los físicos, eso es el color?

- Algo escuché por ahí una vez.

- Bueno, pero para vos es una hermosa flor amarilla. Pero parece que el sentido del ojo la ve amarilla, que amarillo no hay en ningún lado, el sentido la organiza, la percibe así, ¿me entiendes?

- Si.

- Además tu memoria, asoció desde niño cierto sonido a esa percepción, entonces decía: “Flor”. Mueves tu boca de cierto modo y pasa cierto aire por tus cuerdas vocales y entonces decís “flor”. Entonces, algo vibra allí afuera de tu cuerpo y el sentido del ojo mas el sentido interno organizador llamado mente convergen y dicen: “Eso es una flor amarilla”. Bueno, muy bien, yo no digo que lo dudes, pero tampoco es para darle tanto crédito, porque en otro país hubieras asociado otro sonido en lugar de la palabra que aquí usamos y si tuvieras unos ojos de perro no verías esa vibración como amarillo sino como gris, parece.

- Si, claro, se me hace mucho mas entendible ahora.

- Entonces hay que tener esto en cuenta cuando se presentan objeciones a la religiosidad desde la mente, en cuanto a la lógica de una cosa o de otra. El valor de la religión no es lógico. El valor de la religión está en su poder de redención, de transformación del corazón del hombre. El valor de la religiosidad es la posibilidad que brinda al ser humano de trascendencia.

- Si Padre.

- Seamos claros Mario. Si lo que buscas con la mente es “la verdad”, debes saber que Dios no puede conocerse, que de Él nada puede saberse, que nos es infinitamente lejano en cuanto a las posibilidades de nuestra mente. Abordar a Dios con la herramienta mental es fatiga vana. A lo único que puede llegarse es al convencimiento mental de la necesidad de la existencia de Dios. Pero abordar a Dios desde el intelecto es como querer entender el amor desde la uña del pie. ¿Cómo podríamos conocer de aquello que nos abarca absolutamente? El oído percibe cierta franja de sonido, el ojo advierte solo cierto rango de luminosidad, y así como no vemos lo microscópico sin ayuda de aparatos, no podemos percibir a Dios sino en el corazón. El corazón es la antena receptora de Dios y la oración , los actos litúrgicos, la ascesis, los iconos, las peregrinaciones y todo lo demás, son instrumentos que ayudan a que se perciba esa brisa suave que nos obliga a taparnos el rostro sobrecogidos.

- Gracias a Dios que lo conocí Padre.

- Jaja ¡Ya te está haciendo falta otro té!

- Jaja ¡No vendría nada mal!

- No existe la divergencia entre razón y fe. Existe la fe y la razón que haga lo que quiera. Jaja, “¡Pero señor usted es un irracional!, ¡¿cómo va a andar creyendo esas cosas que cree?!” Si, totalmente irracional. ¡Creo en la divinización del hombre por obra de la gracia, por obra de un hálito sagrado que sopla donde quiere! Pero, curiosamente, esta irracionalidad, ¡no me preocupa! jajá ¿A usted si?

- Usted es muy gracioso Padre y me llena de alegría y contento escucharlo y verlo.

- Pero claro, imaginate…¡querer saber cómo es el Creador de todo lo que existe! ¿Y cómo podríamos? limitados como somos. No es posible para la rodilla conocer el funcionamiento general del cuerpo humano, ni su sentido, ni su fundamento, ni nada, Apenas algo de cómo funciona esa articulación. Pero si puede la rodilla trabajar como debe, haciendo lo que sabe hacer y recibir la savia vivificante, la sangre que le envía el cuerpo para que cumpla su función.

- Si así es.

- Así que te digo Mario, yo no sé cómo es Dios, ni se resolver mucho esas contradicciones entre las dudas y las aserciones del intelecto…pero sé que Lo amo y que ese amor me llena y que inexplicablemente, da sentido a mi vida.

- Hermoso Padre lo que dice.

- Vení, vamos a hacer la hora del Oficio y después la seguimos.

Es una colaboración de M. Rovetto

jueves, 11 de junio de 2009

martes, 9 de junio de 2009

ORACIÓN Y LUCHA



"Todo procede de Tí; todo cuanto hay en mí; todo cuanto existe fuera de Tí; todos los seres con sus movimientos; todo mi ser con su actividad; sin Tí, nada; al margen de Tí, solo la nada; fuera del Ser, lo que no es y nada más".

Dom A. Guillerand, cartujo.

Comunidad monástica



La vida ascética en un monasterio es vivir cristianamente y en comunidad. La comunidad (monjes y novicios) es una familia cuyos miembros han acudido a la llamada del Señor:"Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame." (Marcos 8:34)La comunidad vive en la pobreza, obediencia y pureza interior: "No puedes servir a dos amos: no puedes servir a Dios y al dinero." (Mateo 6:24)"... y otros porque no desean hacerlo por amor al reino de los cielos. El que pueda aceptar esto último, que lo acepte." (Mateo 19:12)"Y el que quiera ocupar el primer lugar en la lista de honor, debe ser esclavo de los demás" (Mateo 20:27)La vida de un monje es una mezcla de oración y trabajo:"Orad sin cesar." (1.Tesalonicenses 5:17)"El que no trabaja, que no coma." (2.Tesalonicenses 3:10)"Al igual que el cuerpo sin espíritu está muerto, la fe está muerta si no fructifica en buenas obras." (Santiago 2:26)

viernes, 5 de junio de 2009

Ven Espíritu Santo y permanece en nosotros


Icono Pentecostés

Contaquio I

Venid fieles a celebrar el descenso del Espíritu Santo que el Padre derrama sobre los Apóstoles. Él cubre toda la tierra con el conocimiento de Dios haciéndonos dignos de la vida de la gracia y de la gloria del cielo. Él es el que nos santifica y nos permite exclamar:

Ven Espíritu Santo y permanece en nosotros

Icos I

Los coros de los ángeles cantan incesantemente en el cielo la gloria del Espíritu Santo, fuente de vida y luz intangible. Glorificamos con ellos al Espíritu de bondad por todos sus beneficios manifiestos u ocultos, y humildemente le suplicamos diciendo:
Ven, luz verdadera y alegría del alma.
Ven, nube de rocío y belleza indescriptible.
Ven y acepta esta ofrenda que se eleva a ti como el incienso.
Ven, Espíritu de verdad al que el mundo no puede recibir.
Ven, y haznos disfrutar con la felicidad de tu efusión.
Ven, y alégranos con la abundancia de tus dones.
Ven, y establece tu morada entre nosotros.

Ven Espíritu Santo y permanece en nosotros

jueves, 28 de mayo de 2009

EL MONJE, NUEVO ADÁN



El trabajo de los monjes es el mismo que el de Adán al principio, antes de su pecado, cuando estaba revestido de gloria y conversaba familiarmente con Dios y habitaba aquel lugar donde toda bienandanza tiene su asiento. ¿Es que le van, en efecto, a la zaga los monjes a Adán cuando, antes de su desobediencia, fue puesto por Dios para cultivar el paraíso? Ninguna preocupación mundana atormentaba a Adán, y ninguna atormentaba a los monjes. Con pura conciencia conversaba Adán con Dios, y con pura conciencia conversan con él los monjes. O, por mejor decir, tanto mayor es la confianza que estos tienen con Dios cuanto es mayor la gracia que les suministra el Espíritu Santo.

San Juan Crisóstomo, In Matth. Hom. 68,3