jueves, 11 de diciembre de 2008

Lo esencial de la espiritualidad ortodoxa (1)


Hemos visto las diferentes corrientes que han formado la espiritualidad ortodoxa en el curso de la historia. Trataremos ahora de precisar el denominador común de estos elementos, más allá de las modalidades en la actitud y la expresión, con el fin de llegar a sus raíces más profundas.El fin y los medios de la vida cristianaEl fin de la vida del hombre es la unión (kenósis) con Dios y la deificación (theósis).Los Padres griegos han dado al término deificación una connotación más amplia que la que le dan los latinos, no en el sentido de una identidad panteísta, sino en el sentido de la participación de la vida divina por medio de la gracia, "... Por medio de las cuales nos han sido concedidas las preciosas y sublimes promesas para que por ellas os hicierais partícipes de la naturaleza divina...".Esta participación introduce al hombre en la vida de las tres Personas Divinas y lo coloca en esta corriente incesante y desbordante de amor que va desde el Padre al Hijo y al Espíritu. Esta corriente expresa la verdadera naturaleza de Dios. Allí está la verdadera felicidad del hombre y su felicidad eterna.La unión con Dios es el cumplimiento perfecto del Reino anunciado por el Evangelio. El cumplimiento perfecto de esta caridad, de este amor que resumen la Ley y los profetas. Unido a la vida de las tres Personas, el hombre puede amar a Dios con todo su corazón, con toda su alma, con todo su espíritu y a su prójimo como a sí mismo.La unión entre Dios y el hombre no puede conseguirse sin un mediador: el Verbo hecho carne, Nuestro Señor Jesucristo. "Yo soy el camino... Nadie va al Padre sino por Mí" (Jn 14, 16).En el Hijo llegamos a ser hijos. "Nosotros hemos sido hechos hijos de Dios", ha dicho San Atanasio. La incorporación a Cristo es el único medio de alcanzar nuestro fin sobrenatural. El Espíritu Santo opera y perfecciona esta incorporación. Dice San Ireneo: "Por el Espíritu se va al Hijo y por el Hijo se va al Padre".No se insistirá bastante en el hecho de que la espiritualidad cristiana es la vida sobrenatural del alma. Esta vida no influye sobre los efectos naturales normales o supranormales, obtenidos por medio de las disciplinas humanas llamadas también religiosas. Aquí se trata de la acción de Dios y no de las acciones del hombre en el alma. La esencia de la vida espiritual no es psicológica sino ontológica. Por eso, una definición de la espiritualidad no consiste en describir ciertos estados del alma, sean místicos o no, sino como la aplicación de ciertos principios teológicos a cada alma en particular. La acción redentora de Nuestro Señor es el alfa y omega, el corazón de la espiritualidad cristiana.


Del Blog Luz Ortodoxa

5 comentarios:

Miguel Ángel Pavón Biedma dijo...

Hermanos en Cristo, pienso que mi estudio sobre San Bernardo de Claraval, que llevará toda mi vida, pues es inacabable, podría ser interesante e su maravillosa página.
Ruego que lo valoréis

http://sigilummilitumxpisti.blogspot.com/

Miguel Ángel Pavón Biedma dijo...

Estoy convencido de que la verdadera espiritualidad cristiana está en Oriente y, poco a poco, veremos el trasvase desde el Oriente hacia Occidente y Extremo Oriente. La intuición basta y es suficiente con entrar en una iglesia ortodoxa griegaa. Se respira diferente.En fin, es una reflexión y una alegría ver que ese sentimiento es compartido por muchos. Mis recuerdos a creta y Heraklion

Miguel Ángel Pavón Biedma dijo...

El creyente iluminado camina con la muerte en su hombro. El confrontar y aceptar lo inevitable de nuestra muerte nos libera de nuestros apegos y nos permite vivir con atrevimiento. La fe y la esperanza serán nuestros escudos.

Miguel Ángel Pavón Biedma dijo...

Pensamiento: una mente que no ha sido educada en la fe en Dios es como un caballo sin domar, dispuesto a destrozar cualquier objeto, incluso a arrojarnos al vacío y acabar con nuestra vida espiritual.

Miguel Ángel Pavón Biedma dijo...

Nuestro cuerpo y nuestra mente son instrumentos maravillosos que Dios nos dió, pero no para los placeres sino para servirle. Manejemos nuestra respiración:
-Inspirando, entran todo tipo de bendiciones; como aquello que nos pueda hacer felices, alabando a Dios y ayudando a los demás en forma de luz blanca.
-Espirando se exhalan todos los sufrimiento y aspectos desfavorables en la forma de humo negro: problemas, opresiones, negatividades, odios.

Nuestro Dios nos dió este maravilloso remedio de paz, más sublime que la mejor de las medicinas, pero hay que aprender a utilizarlo.